Mindfulness
Mindfulness y autocompasión: aprender a tratarnos con amabilidad
8 de septiembre de 2026
Irene Delgado Psicóloga General Sanitaria · Colegiada AO-10272
La Terapia Mindfulness basada en la Autocompasión (MSC, por sus siglas en inglés) se integra dentro de las terapias contextuales y cuenta con evidencia científica que respalda su eficacia. Se trata de una intervención estructurada y planificada que busca favorecer, de manera progresiva, una relación más consciente y amable con una misma y con el entorno.
Si el mindfulness nos ayuda a volver a la experiencia presente, ¿por qué añadirle autocompasión?
La autocompasión consiste en aprender a tratarnos con amor, paciencia y bondad. Me gusta explicarlo con una metáfora:
Imagina que estás en una montaña y hay una tormenta de nieve. Llevas puesta exactamente la ropa que llevas ahora mismo. ¿Crees que tendrías frío?
Probablemente sí.
Entonces, ¿qué necesitarías? Ponerte una manta, abrigarte, darte calor. Cuidarte.
Eso es, en cierto modo, la autocompasión: aprender a ofrecernos ese cuidado y ese calor cuando estamos atravesando una situación difícil.
“No sé cómo ser compasivo conmigo”
Muy a menudo, una de las dificultades que encuentro en consulta es esta:
“No sé cómo ser compasivo conmigo.”
La autocompasión implica traer hacia nosotrxs la misma buena voluntad que podemos sentir hacia otras personas, especialmente cuando estamos atravesando un momento de sufrimiento o dolor emocional.
Es tratarnos con comprensión y amabilidad. Abrazarnos y consolarnos ante el sufrimiento, en lugar de añadir más dolor mediante la crítica o el juicio.
Y esta práctica puede comenzar precisamente desde nuestra experiencia con las demás personas.
Piensa por un momento: ¿puedes ser compasivx con alguien a quien quieres cuando está sufriendo?
Si la respuesta es sí, se trata de aprender a dirigir parte de esa compasión, ese amor y ese calor hacia ti también.
La autocompasión no significa justificarlo todo
La autocompasión nos ayuda a tratarnos con amabilidad y sin juicio. También implica prestar atención a cómo nos hablamos y cómo nos tratamos internamente.
Porque somos personas.
Y cuando sufrimos, también merecemos cuidado, consuelo y comprensión.
Recuerdo una situación que viví en consulta. Una persona estaba atravesando una situación complicada en el trabajo y decidió hablar con su jefe para pedir un cambio. La respuesta que recibió no solo fue cruel, sino que además sintió que le había tendido una emboscada.
Después de aquello, me decía:
“¿Cómo he podido ser tan tontx? Sabía que no podía contar con él.”
Esta interpretación era especialmente dura consigo misma. Además de expresar dolor, contenía un juicio y colocaba sobre sus propios hombros una responsabilidad que no le correspondía.
Cuando alguien se comporta mal con nosotrxs, la responsabilidad de ese comportamiento no es nuestra.
Si alguien nos trata con crueldad, podemos sentir dolor, decepción, rabia o impotencia. Pero añadir a ese sufrimiento pensamientos como “qué tontx he sido”, “debería haberlo sabido” o “es culpa mía” no hace que la situación sea más fácil.
La autocompasión propone justamente otra mirada:
amabilidad, apertura, paciencia y comprensión.
Autocompasión no es victimizarse ni “pensar en positivo”
A veces podemos confundir la autocompasión con decirnos que todo está bien o intentar buscar siempre el lado positivo de las cosas.
Pero no se trata de eso.
La autocompasión no consiste en negar lo que ocurre, justificar comportamientos dañinos ni convencernos de que todo es maravilloso.
Tampoco significa dejar de asumir nuestra responsabilidad cuando nos corresponde.
Significa poder reconocer lo que está pasando sin añadir sufrimiento innecesario mediante la culpa, la exigencia, el castigo o la crítica constante.
La culpa excesiva, la exigencia desmedida, el castigo y la autocrítica pueden convertirse en formas de tratarnos que nos hacen daño.
La autocompasión nos invita a probar algo diferente: ¿qué ocurriría si, en lugar de castigarnos por estar sufriendo, pudiéramos acompañarnos en ese sufrimiento?
Una práctica autocompasiva: el abrazo
Quiero proponerte una práctica muy sencilla: el autoabrazo compasivo.
Abrazarnos es un gesto que activa nuestra percepción sensorial y puede ayudarnos a anclarnos en el momento presente y a sentirnos sostenidxs.
No necesitamos que otra persona nos abrace para experimentar ese gesto de cuidado.
Puedes cruzar los brazos y abrazarte suavemente. Sentir el contacto de tus manos, el peso de tus brazos, la temperatura y la sensación corporal.
Y mientras lo haces, observa cómo te hablas internamente.
Quizá puedas probar a dejar de exigirte durante unos instantes.
A dejarte en paz.
A decirte, simplemente:
“Estoy pasando por un momento difícil y puedo tratarme con amabilidad.”
No tienes que solucionar nada en ese momento.
Solo estar contigo.
Porque la autocompasión no consiste en hacer desaparecer el sufrimiento.
Consiste en aprender a no abandonarnos cuando estamos sufriendo.